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En total, las ciudades mexicanas incluidas en la clasificación son Culiacán, Ciudad Obregón, Manzanillo, Zamora, Colima, Acapulco, Irapuato, Ciudad Juárez, Tijuana, Celaya, Cuernavaca, Uruapan, Chilpancingo, Villahermosa, Chihuahua, León y Hermosillo, que ingresó por primera vez.
En contraste, salieron del listado Cancún, Morelia, Tapachula y la capital de Zacatecas.
A nivel global, Puerto Príncipe, Haití, se mantuvo como la ciudad más violenta del mundo, mientras Ecuador concentró seis de las 10 primeras posiciones.
Las 50 ciudades violentas se reparten en México, con 17; Colombia, con 8; Ecuador, con 7; Brasil, con 6; Sudáfrica, con 6, Estados Unidos, con 3, y Guatemala Haití y Trinidad y Tobag, con una cada uno.
La clasificación toma en cuenta municipios de más de 300 mil habitantes y cifras oficiales.
Reclaman opacidad y manipulación de cifras
Durante la presentación, los activistas Ortega; René Folio, presidente de la CMDH, y Horacio Rodríguez, coordinador nacional de Misión Rescate México, acusaron indicios de alteración de estadísticas oficiales de homicidio para aparentar reducciones de violencia.
Como ejemplo citaron el Estado de México pues la fiscalía reportó 2 mil 334 víctimas en 2024 al Sistema Nacional de Seguridad Pública, pero el INEGI registró 3 mil 297, una diferencia de 41.26 por ciento.
También señalaron discrepancias en Durango, Guanajuato e Hidalgo.
Advirtieron que, si además se integraran las personas desaparecidas no localizadas, los homicidios en 2024 pasarían de 33 mil 550 a 57 mil 128 víctimas.
En la conferencia, el presidente del organismo criticó la petición de la Jefa de Gobierno capitalina, Clara Brugada, de evitar difundir información de nota roja para mejorar la imagen de la ciudad, previo a eventos internacionales.
"La verdad tiene que salir, haya Mundial o no haya Mundial", dijo.
Si las autoridades quieren reducir la percepción de violencia, agregó, deben prevenir los asesinatos y detener a los responsables, no ocultar la información.
También acusó intentos por minimizar hechos delictivos y exhortar a medios a no difundirlos, lo que, dijo. equivaldría a "esconder los cadáveres debajo de la alfombra".
